sábado, septiembre 09, 2006

Don Quijote y la China

Cronopios
Diario virtual para hombres y mujeres de palabra
Fundado en 1990 – Martes 11 de enero 2005 – Director: Ignacio Ramírez ignacioramirez@cable.net.co
Literalúdica
Un Cronopio llamado Don Quijote


Por Ignacio Ramírez

Ahora sí se acabaron las fiestas y a trabajar se dijo. Aunque Cronopios no descansó ni un solo día, como consta en los atiborrados buzones de la Red Internacional, consideramos que hoy martes 11 de enero comienza 2005 porque ya de nuevo el tráfago invade a las urbes que disfrutaron el sosiego relámpago de las calles vacías y los ritmos frenéticos y vertiginosos de nuestras sociedades retoman su delirio e intentan en ingenua batahola (como afirmamos en una de nuestras recientes filosolúdicas) aventajar al tiempo en una carrera entre tortuga y liebre: ya se sabe que gana la tortuga si ejercita la maña mientras la liebre muere por asfixia en su carrera atizada por el miedo.
Despacio se va lejos. Hay que seguir andando como sea y hasta donde se pueda. En estas guerras la pelea es pensando y no peleando como suponen y practican los exaltados bárbaros. Por eso el arte y la cultura deben consolidarse e integrarse, ser fuerza viva desde la creación y el pensamiento y cumplir su tarea fundamental que no es propiamente la de cambiar el mundo, aunque sí oxigenarlo e iluminarlo porque en territorios y tiempos sombríos son la palabra y el color, el baile, la puesta en escena, la imagen, la imaginación, el fuego de la música, el corazón y las manos del artista, la inteligencia, el equilibrio, la audacia y la estrategia creadoras, inmejorables ingredientes y argumentos para que aún en medio del desastre haya esperanza, por lo menos.
En 2004 estuvo Julio, el padre de todos los Cronopios, recordándonos sus 90 años de vida, sus 20 de muerte, sus infinitos de inmortalidad. Gigante va creciendo y va volando y de rayuela en rayuela parece un molino de agua, una noria de carcajadas sempiternas, un padrenuestro que está en los cielos y en la tierra y duerme y sueña al lado de su osita bajo la tierra cosmonáuticautopística de Montparnasse. Orondo ríe haciéndose el dormido, al tiempo que abre puertas para que pase el desfacedor de entuertos que lleva cuatro siglos caminando y sigue tan campante como su leal y huesudo Rocinante y tan visible e invisible como su amada y ambigua y dulce Dulcinea. Sancho enjalma y sonríe cual Cronopio emburrado y sabe que a él también le espera el homenaje de la tetrasecular cabalgadura en sus andanzas de papel y entre los lomos del libro de los libros donde el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha comprueba una vez más la fábula de la tortuga y de la liebre y la cronópica sentencia del transcurrir del tiempo: el pensamiento y la palabra perduran y acompañan un poco más que los bolsillos llenos de codicias y rapiñas.
Estamos a cinco días del suceso: el 16 de enero de 1605, hace exactamente 400 años, comenzó a venderse la primera parte del Quijote de la Mancha, obra cumbre de Miguel de Cervantes, primer Cronopio de la novela moderna, primer valiente y visionario vencedor de los mismos con las mismas historias recurrentes y fatigantes de los caballeros que tanto se parecen a los burros que en estos tiempos nos gobiernan y nos diezman. Por eso, los 400 años de Don Quijote de la Mancha no son solo una convencional conmemoración de un hecho histórico ¡No! Se trata de un homenaje al poder de la palabra y un rescate a su valor, tan necesario ahora. Y algo más entrañable y más humano: reconocer y redimir el mito quijotesco, que no es cosa distinta a la defensa de los más elevados principios morales para enseñárselos a aquellos que no saben que es más libre quien menos cosas materiales necesita y que el secreto de la camisa del hombre feliz es cabalmente que la felicidad del hombre consiste en no tener camisa.
2005 para Cervantes y para Don Quijote, día a día, siempre. Para ese magnífico universo donde la cordura enloquece a la locura que es la cuerda. Don Quijote cabalga de nuevo todo el año. Bienvenidos a Cronopios todos los Quijotes de todos los tiempos. Esta casa de puertas abiertas a partir de hoy se declara sin puertas y se esforzará porque a través de sus ventanas demos alegría al Caballero de la triste figura por simple gratitud a su generosa donación de alegría sin cesar para el género humano durante 400 años y por los siglos de los siglos. Y porque en un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, cabalgaba un Cronopio...

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