domingo, septiembre 10, 2006

Aventura de papel

Aventura de papel
La idea es excelente y la regularidad conque han aparecido los títulos anunciados ha sido tan rigurosa (¡en semejante maremagno!), que en medio de la incredulidad en que vivimos salta la duda consciente: ¿Será verdad tanta belleza?, y aflora la exclamación criolla: ¡falta ver que se cumpla!
Hablamos de un proyecto llamado Biblioteca Familiar Presidencia de la República, cuyo cimiento filosófico parte de la idea de que "en los hogares del país se requiere siempre tener a mano un repertorio básico de textos claves sobre Colombia" y anuncia la publicación de 30 títulos fundamentales para que la mayor cantidad de colombianos pueda, a través de su lectura, comprender y sentir el pasado y el presente, y tenga, a partir de tal base, la posibilidad de vislumbrar o por lo menos sospechar el futuro inmediato.
La idea es poner a leer a todo el mundo, no sólo con la publicación de los libros, sino mediante una campaña proselitista que (como en vértigos pre electorales) llegue hasta el último rincón del mapa: escuelas, colegios, universidades, centros comunales, agrupaciones campesinas e indígenas, cárceles, barrios, veredas, calles, casas donde se quiere agitar la bandera de "una educación para ser más libres, responsables y participativos, donde nuestras visiones se enriquezcan al contacto con el mundo".
En teoría suena magnífico, pero para que se convierta en práctica sería indispensable, primero, que las ediciones fueran tan numerosas y los medios de distribución tan efectivos, que los libros llegaran (en serio) a todas las comunidades previstas. Segundo: que los sujetos a quienes van dirigidos, entendieran por vez primera y ojalá a partir de ahí, para siempre, que "la detallada lectura de un libro bien puede cambiar el destino. Definir una vocación. Abrir un horizonte. Brindar válidos instrumentos críticos para el análisis y transformación de una realidad compleja como la nuestra".
Hay ensayo, historia, economía, novela y poesía. Y claro: no podrían faltar ni María, ni la Vorágine, ni De Sobremesa, pero así se comienzan las bibliotecas históricas, las básicas. Por eso también habrán libros de crónicas y de autobiografías, grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia y seguramente llegaremos a títulos contemporáneos que nos permitan no sólo comparar los hechos a través del tiempo sino reclamar por las obras que hagan falta. En el frente real de la batalla esta el alto poeta (¿alguien lo niega?) Juan Gustavo Cobo Borda, quien, es cierto, juega en el controvertido bando oficial, pero cuyas obras a través del tiempo pueden verse, palparse y leerse, y eso constituye garantía. Jaime Jaramillo Uribe, Fernando Charry Lara y Hernando Valencia Goelkel, avalan también esta aventura de papel.
Maestros, líderes, estudiantes, padres de familia, jóvenes y viejos: aprovechen la oportunidad: exíjanle a la Presidencia de la República que por lo menos los 30 títulos de la Biblioteca Familiar Colombiana lleguen hasta sus comunidades y encárguense de promover entre los suyos la alegría de leer.

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