domingo, septiembre 10, 2006

Borgeseando a Borges

¿Será que seré?

Por Ignacio Ramirez
ignacioramirez@cable.net.co

Había una vez un hombre que era todos los hombres y todas las mujeres de la tierra. Los vivos y los muertos eran él. Los grandes personajes de la historia y 1os anónimos transeúntes también eran en su piel.

No se trataba de un juego delirante. No de un desdoblamiento ni un caso digno de Freud o de Lacan o de Piaget. Él era todos los seres de todos los tiempos en una realidad tan tangible que era dado palparle la carne y los huesos y escucharle la verba o contemplarle los silencios o el sueño.

No necesitaba espejos para saber quién era en cualquier circunstancia. Simplemente sabía que tal instante era éste o aquel personaje y asumía con la misma congoja excéntrica con que asumen su papel los siameses, su rol de vivir todas las vidas.

Era corriente una extraña simu1taneidad que le permitía ser muchos seres a la vez. Cumplía con los deberes de todos y conservaba la memoria integral sin que se moviera una hoja del árbol de su esqueleto, sin su voluntad.

Nadie al comienzo lo sabía. Pero un día diáfano de sol tropical alguien lo vio colándose por una historia que no parecía ser la suya y sucedió que como una bola de nieve comenzó a crecer el rumor de que ese hombre era todos los hombres y todas las mujeres de la tierra. Y se dio la naturaleza del escándalo. Le hicieron famoso y prestigioso y acudieron a él en todo tiempo pues su infinita condición de seres parecíale propicia a todo el mundo para solucionar conflictos o descargar responsabilidades.

Fue consecuente con su carnadura. Se dejó ver por todas las dimen¬siones del tiempo y del espacio. No dejó lío sin resolver ni queja sin atender. Sobre sus hombros cayeron todos los gobiernos y en la planta de sus pies estaba el gran encargo de sostener el mundo, como dicen que hacía el viejo Atlas en otras mitologías arcaicas. Sus ojos que todo lo veían se responsabilizaron de las imágenes de la luz y de las sombras. Sus manos fueron instrumento de alfarería pero también artificiosas herramientas para los robos de los malandrines. Amores de todo tipo y fuerza protagonizó, lo mismo que odios. Conoció muy a fondo el universo de la risa pero también se empapó muchas veces de la zozobra que acompaña inexorable al dolor y a la muerte

Era de ver su cara múltiple cuando la noche caía resbalosa sobre su historia sin fin..

Un día supo que iba a morir porque aunque todos los hombres y todas las mujeres eran él, de todas maneras "se muere siempre un poco/y lo terrible es no sentirlo”. Quiso en ese instante de suprema humanidad, rememorar su experiencia. Una especie de vértigo se le plantó en la imaginación: recordóque había sido Sófocles y Edipo. Urdió las batallas de Atila, pasó por las pobres y humildes pajas de Jesús, se recostó encima del pubis angelical de Marylin, se sacó los mocos y espantó gusanos en las calles de Calcuta, fumó todas las yerbas alucinógenas y repartió comunión en la Capilla Sixtina. Y se hizo una :pregunta que le causó la muerte:- ¿Será que yo soy Borges?

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